Cristo es verdaderamente el centro y corazón de nuestra casa y de nuestras vidas.
A pesar de nuestras infidelidades, Él es quien siempre nos regresa de ellas.
Y, desde esta mezcla que somos, queremos servirle por siempre.
Su presencia sacramental nos recibe y acompaña todos los días desde el 29 de Agosto de 2000 [Martirio de San Juan Bautista].
Esta es una gracia inmensa e infinita que deseamos compartir con todos en la certeza de que Él está eternamente dispuesto a buscarnos y recibirnos a todos. Por ello, nuestras puertas están siempre abiertas para quienes deseen encontrarse con Él en intimidad y oración.
Grupos de oración
En el oratorio, situado en el centro de nuestra casa, en Su Presencia,
se encuentran a lo largo de la semana diversos grupos de oración. En ellos, con la metodología de la Lectio Divina, rezamos el evangelio del domingo próximo.
Como apertura y cierre utilizamos las siguientes oraciones:
SECUENCIA DEL ESPÍRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres,
ven, Dador tus dones,
Luz de los corazones.
Ven, Consolador lleno de bondad,
dulce Huésped del alma,
alivio que conforta.
Descanso en el trabajo,
en el ardor tranquilidad,
consuelo en nuestro llanto.
Que tu luz santísima
ilumine lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu gracia divina
nada bueno hay en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava nuestras culpas,
riega nuestra aridez,
sana nuestras heridas.
Ablanda lo que es duro,
templa lo que es frío,
corrige nuestros errores.
Concede a tus fieles
que en ti confían
tus siete sagrados dones.
Premia nuestro esfuerzo,
danos tu salvación
en la eterna alegría. Amén.
ORACIÓN DE LA ESPERANZA
Señor, una vez que estoy delante de tu misterio
estoy constantemente envuelto en tu presencia
que tantas veces se torna en ausencia.
Busco tu presencia en la ausencia de tu presencia.
Echando una mirada al inmenso mundo de la tierra de los hombres,
tengo la impresión de que muchos ya no esperan en Ti.
Yo mismo hago mis planes, trazos mis metas
y pongo las piedras de un edificio
del cual el único arquitecto parezco ser yo mismo.
Hoy día los hombres somos, muchas veces,
unas criaturas que nos constituimos
en esperanza de nosotros mismos.
Dame, Señor, la convicción más profunda
de que estaré destruyendo mi futuro
siempre que la esperanza en Ti
no estuviere presente.
Haz que comprenda profundamente que,
a pesar del caos de cosas que me rodea,
a pesar de las noches que atravieso,
a pesar del cansancio de mis días,
mi futuro está en tus manos
y que la tierra que me muestras
en el horizonte de mi mañana
será más bella y mejor.
Deposito en tu misterio mis pasos y mis días
porque sé que tu Hijo,
y mi Hermano,
venció la desesperanza
y garantizó un futuro nuevo
porque pasó de la muerte a la vida.
Amén