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Visión.
En todos estos años, en este o aquel ámbito, se nos ha ido haciendo patente que la raíz más profunda de esta época desértica, de tanto dolor y desencuentro en nuestra patria y en el mundo, no se halla primariamente en lo económico, ni en lo político, ni en la educación, ni en los sistemas de representación política –en donde todos se hallan en crisis al parecer terminales-, sino en una Ausencia palpable que busca cubrirse de infinitas maneras y sofisticados mecanismos. Aunque mucho hablemos de solidaridad, comunidad, participación, este es más bien un tiempo de hombres aislados, insolidarios.
En el inicio del Tercer Milenio, como muchas veces antes a lo largo del peregrinar humano, los poderes del mundo muestran a quienes lo quieran ver el espíritu de muerte y división que, a su vez, los posee. Las fronteras físicas son otras, más extensas y más globales, pero la convocatoria a la construcción de la Nueva Babel se lleva a cabo desde una idéntica seducción: la pretensión de querer construir una Torre, un Orden o una Ciudad del Futuro movidos por una única y arquitectónica ilusión: la de creer en la existencia de una autónoma voluntad del hombre.
Por otra parte, también es cierto que todos somos de alguna manera co-responsables de esta situación pues no hay inocentes en esta crisis epocal tan cargadamente dramática que estamos atravesando. Riqueza dramática que se pierde entre polos que van de los trágicos estertores de violencia e injusticia a la insoportable banalidad de la vida como espectáculo. Ante esta disminución de la dimensión humana de la vida queremos asumir nuestra responsabilidad radicalizándonos en una “experiencia de amor” que se exprese en cada una de las actividades que lleve a cabo la Fundación Arché.
A lo largo de nuestro propio camino, se nos fue haciendo cada vez más experiencia que la vida es constitutivamente comunitaria. Los frutos producidos nos han acontecido siempre gracias a la apertura de espacios comunionales en los que fuimos ayudados y ayudamos a vivir, en los que acompañamos y nos dejamos acompañar, en los que nos confrontamos y nos dejamos confrontar por la Verdad que se nos va revelando.
Fieles a esta experiencia, buscamos compartirla siempre en nuestros diversos ámbitos de servicios, lo que no sólo nos lleva a configurar nuestro quehacer según este espíritu y estilo , sino también a elaborar cada vez nuevos modos que favorezcan su encarnación en cada uno de aquellos servicios
Misión
“Acompañar y servir a nuestros hermanos, desde nuestra vivida unidad de fe y cultura, a fin de que en la mayor glorificación de cada hombre se revele mejor aún la mayor gloria de Dios a la que todos estamos llamados a compartir”.
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